la experiencia Red Door de Elizabeth Arden

Había una vez una mujer que se llamó Florence Nightingale Graham. Quizá ese nombre no te suene, porque con el que se hizo mundialmente conocida fue este otro: Elizabeth Arden.


Nacida en 1884, en 1910 abrió un salón de belleza en la Quinta Avenida en Nueva York. Ese salón tenía una puerta roja y esa puerta se convirtió en el logo de la marca. Aquí es donde confieso que he visto ese logo infinidad de veces pero que apenas desde el lunes pasado le veo cara de puerta.


Elizabeth Arden estudió para enfermera, se casó dos veces, nunca tuvo hijos y desde muy joven se dedicó a la cosmética. Empezó creando una pequeña gama de cremas y lociones que se aplicaban en su salón-spa pero el secreto está en que viajaba mucho y fue una pionera en muchos temas. En los tiempos en los que sólo era aceptable maquillarse si te dedicabas al teatro o al cine, Miss Arden introdujo a Estados Unidos el maquillaje pesado en los ojos. Tengo una revista de 1928 con un artículo que dice "si a tu esposo no le gusta que uses maquillaje y se rehúsa a besarte, déjalo, ya se le pasará". Así de importante es el asunto, así que imagínense. Si leyeron el post de Schiaparelli y el MET sabrán que me gusta enterarme de quién fue "el primero que...", pues bien, Elizabeth Arden fue la primera que empezó a usar el concepto "makeover" o cambio de imagen, tan popular hoy día en la televisión y las revistas de moda. Su empresa se expandió gracias a que fue entrenando a un gran equipo de vendedoras y así fue abriendo sucursales de sus Red Door Spas en muchas ciudades.

Como verán, la prosapia de la marca Elizabeth Arden es más que notable. Sin embargo con el tiempo se ha convertido en una marca que las personas más jóvenes asociamos con productos para señoras de más edad. Con el objetivo de revertir esta imagen no del todo acertada, la marca ha empezado a acercarse al mundo del internet (buena jugada, si me preguntan) y así fue como terminé recibiendo un facial y un masaje relajante en la espalda, cortesía de Elizabeth Arden. Cuando lean que la vida blogger es un montaje -o directamente una mentira- no se crean nada. Para mi ha sido un acceso a una serie de experiencias increíblemente bonitas. Así que ahora vengo y se las cuento.

Me voy a detener más en el facial porque sus efectos me parecieron notables. Los efectos de un facial no son sólo inmediatos, también se pretende que con ello tu piel quede (además de más limpia) más receptiva a los productos que usas normalmente. Estos efectos son acumulativos y a la larga mejoran el estado general de tu piel. Por mi parte, quedé sorprendida no cuando salí del spa sino al día siguiente por la noche: creo que mi rostro no estaba tan lisito desde que cumplí 11 años.

Si a estas alturas del post te estás preguntando a dónde tienes que ir para recibir un facial así, la respuesta es a cualquier departamental donde vendan productos Elizabeth Arden. Normalmente, las líneas de cosmética de lujo ofrecen regalos a sus clientas en forma de más producto: una miniatura del perfume, muestras de cremas, etcétera. Normalmente la clienta no hace uso de esos regalos, los regala a su vez. En Elizabeth Arden pensaron en qué podría ser un buen regalo y llegaron a la conclusión de que lo serían estos servicios de Spa. Te compras un perfume y te llevas un mimo en forma de masaje o de mascarilla. Hedonismo puro, del que tanto nos gusta.

4 comentarios

  1. De cuando en cuando leo a la hija de mi camarada. Me sorprendo yo mismo leyendo esto. Y me hundo en un mundo que existe. Aunque yo quiera ignorarlo.

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  2. Qué curioso! no tenía ni idea de lo de make over ni lo de la puerta roja, era una pionera Elizabeth Arden :)

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  3. Excelente post, ni me dí cuenta de como ni de cuando, pero ya te recuperamos. Buena información, gran estilo. Todo. Un abrazo, bienvenida (desde hace 4 post)

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  4. Perdón, es desde hace más. No me había puesto al día. bien por ti, mal por mi...

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