El jueves pasado fui al teatro.

Una vez platicaba con una amiga sobre cierta situación amorosa. La historia era enredada, como siempre son las historias que se platican con las amigas, pero en un punto álgido de la conversación yo dije “ah, siendo así está bien, no hay drama”. Creo que mi amiga se ofendió un poco y a partir de ese día dejó de contarme lo relativo a ese chisme en particular, y cuando yo le pregunté porqué ya no me cuenta, ella me dijo, desdeñosa, “es que no hay drama”.

Aquí es cuando me veo en la necesidad de explicar que el drama no es lo único que me gusta. Si, puede ser atractivo de vez en cuando. Y si, en mi bio en twitter dice que soy una drama queen pero eso es un poco una broma ¿saben? Porque lo que se dice drama, escasamente me gusta. Por eso no soy fan de las películas de Iñarritu.

El drama está basado en el conflicto. Hay quien afirma que el teatro está basado en el drama, ergo en el conflicto y que sin drama no hay teatro. Igual que mi amiga quien pensó que mi afirmación “no hay drama” equivale a “no hay interés”. Oh, nada más lejos de la realidad.

El jueves fui al teatro. La puesta en escena era The Rehearsal, con una compañía española. Básicamente era un juego escénico en el que cuatro actrices y un actor estaban “ensayando” y ensayaban que ensayaban. Tras los primeros quince minutos era claro que no podías tomarte en serio nada de lo que sucediera en escena. Los pocos momentos “dramáticos” eran un chiste. La estructura de la puesta en escena por un lado desnudaba el proceso de creación de una obra (en ese sentido, estaba muy bien hecha, el ensayo en verdad se sentía como tal y extrañé esas tardes infinitas pasadas en un teatro, repitiendo una y otra vez segmentos de una obra) y por otro proponía un imposible juego de espejos. Resulta paradójico porque si bien la textura del trabajo actoral era principalmente cotidiana, la sensación de que todo era ficción -y lo era- resultaba muy fuerte. Era, en fin, teatro puro. Sin drama.



Lo cual quizá explica porque la mitad de los espectadores se picaban los ojos de desesperación mientras la otra mitad la pasábamos muy bien. Como a la mitad de la función los espectadores empezaron a salirse, de a poquito. Siempre he defendido que los espectadores pueden salir cuando se les de la gana. Eso de “es que tienes que respetar el trabajo de los artistas” es una mamada. Te sales si quieres, aplaudes sólo si se te antoja, etcétera. De pronto ya habían salido unas cinco o siete personas y a mi lo que me daban eran ganas de preguntarles ¿porqué se van? y así saber que les resultaba tan molesto. Hasta aquí todo bien, curiosidad solamente.



Lo que no estuvo nada bien, fue que los cinco o siete que se salieron eran unos “valientes” mientras el resto de la concurrencia que hacía rato se quería ir pero no se iba, decidió emprender una desbandada masiva ¡en el peor momento! La obra estaba por acabar y después de hora y media de absurdos cada vez más absurdos, en escena sucedió algo muy bello (sin drama, por supuesto. ¿A ustedes les gustan los atardeceres?¿Les parece que los atardeceres deberían ser más dramáticos?). Un actor solo en escena, trepado en una escalera de tijera y cambiando las micas de un foco. El escenario cambiaba de color: de azul a naranja a rojo a azul y en la sala se escuchaba life on mars. Unos minutos que eran un regalo para el espectador, arruinados por la mitad de los asistentes que se iban en ese momento sólo porque no se habían atrevido a irse antes.

En la Ciudad de México tenemos una cartelera teatral muy extensa pero a mi parecer, en general faltan buenas propuestas. Siempre espero con emoción la programación de Transversales porque me parece que su principio más importante es la diversidad. Y cuando suceden desbandadas masivas como la del jueves, me entristezco… me hacen pensar que tenemos el teatro que merecemos.

***

Quedan unas cuantas funciones de Transversales en la Ciudad de México y otras en Pachuca, Hidalgo. Puedes consultar la programación en la página del encuentro. También hay información aquí.

4 comentarios

  1. Muy claro lo que dices.
    Los atardeceres ¿dramáticos para ser bellos?

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  2. Yo tambien respeto el hecho de que una persona pueda salir "discretamente" si no le gusta X's evento...

    Pero eso de estar esperando casi todo el rato de dura,,, y minutos antes de acabar.. salga toda la manada... se me hace de pesimo gusto y una falta de respeto tanto al los del evento... como a los que estamos de espectadores por que no dejan apreciar el final a gusto...

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  3. Ash! Me hubieras invitado a la función, malvada! Luego de haber asistido a una ópera japonesa (en japonés, por supuesto) insuperablemente rancia, seguro que esto me hubiera encantado!

    Y esa amiga tuya, como que se lee bien remilgosita, cómo que te mira desdeñosa? Ash!, ya no hacen a las amigas chismosas como antes, ja ja ja.

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  4. -Eso de “es que tienes que respetar el trabajo de los artistas” es una mamada. Te sales si quieres, aplaudes sólo si se te antoja, etcétera. -
    En esto la verdad tienes razón, y eso de que hay que ser amable con los artistas, pues uno será tan bueno con ellos, como ellos sean buenos en su trabajo.

    Y la verdad, no sé, siento que si tienes razón en que tenemos el teatro que merecemos, pero cómo se puede tener un público que aprecie buen teatro, cuando no se les ha educado en qué hace bueno al teatro?
    Da pena, eso si.

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