2.02.2014

Elegía de la caja boba.

Nunca había visto tanta televisión como en los últimos dos o tres años. De niña no era demasiado fan y cuando me fui de la casa de mis papás ni siquiera tenía una. Tengo 35 años y nunca he comprado un aparato de tv -contra una pequeña fortuna gastada en computadoras-. Soy, digamos, una conversa de estos tiempos y sus nuevas maneras de ver televisión.

Héctor y yo vemos series enteras. A veces tenemos la suerte de llegar muy tarde, como con The Sopranos, y podemos ver todas las temporadas de principio a fin sin tener que esperar nada. Otras veces, como con House of Cards, una vez que termina el último episodio todo es puro sufrimiento.


Soy muy fan de la televisión. Estoy convencida de que es la gran expresión artística de nuestro momento histórico, más incluso que el cine. Considero que la tele tiene hoy la misma importancia que el teatro en el siglo XVII y -dependiendo de las obras- la misma relevancia en la historia cultural de la humanidad.

Una de las mejores cosas de las series actuales es que no son sólo un producto de consumo. El espectador no se queda ahí pasivamente esperando que todo suceda en una sola dirección: completada la tele con el internet, cada episodio de una buena serie dispara una enorme cantidad de expresiones de todo tipo y provenientes de cualquier lado, desde los periodistas especializados hasta las adolescentes que le saben al photoshop y en medio cualquier clase de blogger que se les ocurra.


La caja boba dejó de ser boba. Los únicos bobos que quedan son los que no entienden que es mejor que cada capítulo de cada serie esté inmediatamente disponible en internet. Prefiero aventarle mi dinero a Netflix que ver la última temporada de Sherlock en versión descarga ilegítima pero no me dejan otra opción. Y no, esperar no es opción. Principalmente porque es muy difícil evadir los espoilers.

Todo esto porque recién descubrimos Sherlock, la serie de la BBC protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman. 

 
¿Quién no conoce a Sherlock Holmes? Pero ¿cuántos han leído a Sir Conan Doyle? Yo no mucho, la verdad. A los once años desarrollé un odio jarocho hacia algunos personajes ingleses (y hacia Clint Eastwood) porque me parecían unos mamones insoportables. De Sherlock nunca pude leer más de tres o cuatro casos y a Julio Verne directamente lo expulsé de mi reino preadolescente tras un par de páginas de La vuelta al mundo... Ahora la BBC me va a hacer regresar a las novelas y posiblemente termine tan fan de Sherlock como lo soy de cada uno de los personajes de Clint Eastwood.

Cuando la tele te manda directamente a una obra clásica de la literatura, no hay manera cual ninguna de seguirla llamando boba. (Y eso no excluye que también te remita a tumblr, cumberbitches).




1 comentario:

  1. Me encantó la versión que le diste, muy pocos aceptamos la adicción hacia la Televisión. Considero que ella misma se ha reinventado con las Series y han aportado interés a verla.
    Saludos, hermosa!

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